11.20.2005

Se puede... estar contigo?
Hace tres meses atrás, era carrera corrida y ganada con ventaja. Ahora, podemos ver una de las contiendas presidenciales más entretenidas desde la llegada del marketing político.
Ninguno de los cuatro candidatos juega a perdedor. Cada uno posee un precio político con el que pueden negociar a su gusto, una vez que llegue la segunda vuelta.
Claro, porque ni siquiera el candidato del pacto Juntos Podemos Más, Tomás Hirsch, puede ser mirado en menos cuando ya quedan pocos días para el día D. Hirsch sabe que tiene la gran posibilidad de utilizar su caudal político y obtener algunas ventajas para su sector, cuando comience el ajedrez electoral de cara la jornada del 15 de enero. El tipo se deja querer, aunque no lo reconozca.
Mientras, la pelea mayor se está estrechando cada vez entre el candidato de RN, Sebastián Piñera y la abanderada oficialista, Michelle Bachelet. Que Joaquín Lavín quede relegado a un tercer lugar, se explica porque ya es una carta gastada y no tiene el mismo poder de encanto. Ya ni siquiera es el "candidato no tradicional" de 1999, estrategia que casi lo llevó a ocupar la oficina presidencial de La Moneda.
Ahora, tenemos a un Lavín más agresivo y complaciente con el sector más duro de la derecha, lo que obviamente lo complica en su tarea de acercarse al siempre codiciado centro político del país (y su equivalente social, la clase media).
Otro de los factores que provocan su estancamiento electoral, es el constante ataque que sufre y sufríó durante seis años por parte de los medios cercanos a la Concertación, que no le perdonaron su complicada gestión como alcalde de Santiago, ni tampoco su visión moral y cercana a la Iglesia, en momentos en que la sociedad camina por los senderos del nihilismo y el consumo.
Volviendo a la disputa Piñera-Bachelet, se pude hacer una fácil lectura de que el Gobierno comenzó con una operación de salvataje, que muy dificilmente respetará normas de lógica. A diferencia de la elección de 1999, ahora la Concertación no cuenta con el comodín electoral de discutir un proyecto de ley que complique a la derecha. Hace seis años atrás, la discusión de las reformas laborales permitió acorralar a la oposición y brindar valorables votos al oficialismo. Hoy no se cuenta con ese factor porque se confió demasiado en los altos niveles de apoyo que registraba Bachelet, lo que en su momento aseguraba el sillón presidencial.
¿Error de estrategia o exceso de confianza de la Concertación?. Una problemática que deberá ser discutida después del 11 de diciembre.
Por su parte, Sebastián Piñera trata de mostarse como el candidato de consenso que desagrada a los dos bloques políticos, porque está logrando su objetivo de cautivar a los votantes más indecisos y desencatados de la política. Su gran enemigo, su lejanía con los sectores más desposeídos, que en el fondo es el grupo más fácil de menejar si se sabe cautivar.
Definitivamente tiene la gran posibilidad de pasar a segunda vuelta, pero de ahí a que gane la elección presidencial eexiste un gran obstáculo: el poder reencantar a los militantes y partidarios de la UDI de que él puede construir una nueva forma de hacer país. Muchos han sido los roces entre el empresario y el gremialismo y mucha ha sido la desconfianza que se ha generado entre ambos y, en política, cualquier alejamiento o indisciplinaes duramente castigado.
Quedan menos de dos semanas para la jronada decisiva y la decisión queda en ustedes. No voten sin pensar en las consecuencias de su elección. El futuro cae para todos.

1 comentario:

Ciuidadano Vallejo dijo...

Me parece interesante que se vayan generando nuevos espacios de opinión de los periodistas respecto a los temas contingentes. Creo, además, que este espacio aporta una mirada cuasi objetiva de la realidad política, en este caso.