"Somo tontos...no pesados"
Es complicado buscar un punto de diferencia entre las propuestas de los tres candidatos con mayores posibilidades de llegar a La Moneda.
Cada vez, la dinámica política en tiempos de campaña se reduce a mantener inalterable la estructura institucional y administrativa del país. No se arriesga nada para no molestar a los más partidarios. Súmese a lo anterior, la "genial" idea de repetir incansablemente las frases fuerzas en cada debate, entrevista o confrontación (las que son menos).
Simplemente se llega a un extremo de insultar la inteligencia y la capacidad de análisis d elos votantes, con el consiguiente daño a la frágil asimilación que la gente tiene de la democracia y de la actividad política.
Todo corresponde a la nueva forma de hacer política. Ya no valen los proyectos, sueños ni ideales de país. La ciudadanía ya tiene que agregar una nueva pauta de consumo en sus vidas: el consumo del producto político.
Pero, ¿El chileno común y corriente estará preparado para seguir esta escuela norteamericana de hacer política?. Es una respuesta con tendencia a ser contestada negativamente, debido a la poca cultura cívica existente en estos días. Se aplica la lógica de la ganancia.
Y es un fenómeno que no tiene fecha de vencimiento. Cada campaña electoral es un caldo de cultivo de nuevos frases radiales y cuñas televisivas.
Un ejemplo claro de lo expuesto en esta ocasión fue el último "debate" o, mejor dicho, foro electoral. Todos los análisis comunicacionales y periodísticos coinciden en que los comandos de los candidatos lograron su objetivo de acorralar la actividad de los periodistas y llevar la manija de las cuestionamientos y problemáticas a presentar a los presidenciables.
Es de esperar que la fuerza de ataque y planteamientos claros de los candidatos no se transformen en un discurso en común, sino que sea el sello distintivo de cada uno de ellos.
Por el bien de la ciudadanía y por el bien de la democracia.
11.20.2005
Se puede... estar contigo?
Hace tres meses atrás, era carrera corrida y ganada con ventaja. Ahora, podemos ver una de las contiendas presidenciales más entretenidas desde la llegada del marketing político.
Ninguno de los cuatro candidatos juega a perdedor. Cada uno posee un precio político con el que pueden negociar a su gusto, una vez que llegue la segunda vuelta.
Claro, porque ni siquiera el candidato del pacto Juntos Podemos Más, Tomás Hirsch, puede ser mirado en menos cuando ya quedan pocos días para el día D. Hirsch sabe que tiene la gran posibilidad de utilizar su caudal político y obtener algunas ventajas para su sector, cuando comience el ajedrez electoral de cara la jornada del 15 de enero. El tipo se deja querer, aunque no lo reconozca.
Mientras, la pelea mayor se está estrechando cada vez entre el candidato de RN, Sebastián Piñera y la abanderada oficialista, Michelle Bachelet. Que Joaquín Lavín quede relegado a un tercer lugar, se explica porque ya es una carta gastada y no tiene el mismo poder de encanto. Ya ni siquiera es el "candidato no tradicional" de 1999, estrategia que casi lo llevó a ocupar la oficina presidencial de La Moneda.
Ahora, tenemos a un Lavín más agresivo y complaciente con el sector más duro de la derecha, lo que obviamente lo complica en su tarea de acercarse al siempre codiciado centro político del país (y su equivalente social, la clase media).
Otro de los factores que provocan su estancamiento electoral, es el constante ataque que sufre y sufríó durante seis años por parte de los medios cercanos a la Concertación, que no le perdonaron su complicada gestión como alcalde de Santiago, ni tampoco su visión moral y cercana a la Iglesia, en momentos en que la sociedad camina por los senderos del nihilismo y el consumo.
Volviendo a la disputa Piñera-Bachelet, se pude hacer una fácil lectura de que el Gobierno comenzó con una operación de salvataje, que muy dificilmente respetará normas de lógica. A diferencia de la elección de 1999, ahora la Concertación no cuenta con el comodín electoral de discutir un proyecto de ley que complique a la derecha. Hace seis años atrás, la discusión de las reformas laborales permitió acorralar a la oposición y brindar valorables votos al oficialismo. Hoy no se cuenta con ese factor porque se confió demasiado en los altos niveles de apoyo que registraba Bachelet, lo que en su momento aseguraba el sillón presidencial.
¿Error de estrategia o exceso de confianza de la Concertación?. Una problemática que deberá ser discutida después del 11 de diciembre.
Por su parte, Sebastián Piñera trata de mostarse como el candidato de consenso que desagrada a los dos bloques políticos, porque está logrando su objetivo de cautivar a los votantes más indecisos y desencatados de la política. Su gran enemigo, su lejanía con los sectores más desposeídos, que en el fondo es el grupo más fácil de menejar si se sabe cautivar.
Definitivamente tiene la gran posibilidad de pasar a segunda vuelta, pero de ahí a que gane la elección presidencial eexiste un gran obstáculo: el poder reencantar a los militantes y partidarios de la UDI de que él puede construir una nueva forma de hacer país. Muchos han sido los roces entre el empresario y el gremialismo y mucha ha sido la desconfianza que se ha generado entre ambos y, en política, cualquier alejamiento o indisciplinaes duramente castigado.
Quedan menos de dos semanas para la jronada decisiva y la decisión queda en ustedes. No voten sin pensar en las consecuencias de su elección. El futuro cae para todos.
Hace tres meses atrás, era carrera corrida y ganada con ventaja. Ahora, podemos ver una de las contiendas presidenciales más entretenidas desde la llegada del marketing político.
Ninguno de los cuatro candidatos juega a perdedor. Cada uno posee un precio político con el que pueden negociar a su gusto, una vez que llegue la segunda vuelta.
Claro, porque ni siquiera el candidato del pacto Juntos Podemos Más, Tomás Hirsch, puede ser mirado en menos cuando ya quedan pocos días para el día D. Hirsch sabe que tiene la gran posibilidad de utilizar su caudal político y obtener algunas ventajas para su sector, cuando comience el ajedrez electoral de cara la jornada del 15 de enero. El tipo se deja querer, aunque no lo reconozca.
Mientras, la pelea mayor se está estrechando cada vez entre el candidato de RN, Sebastián Piñera y la abanderada oficialista, Michelle Bachelet. Que Joaquín Lavín quede relegado a un tercer lugar, se explica porque ya es una carta gastada y no tiene el mismo poder de encanto. Ya ni siquiera es el "candidato no tradicional" de 1999, estrategia que casi lo llevó a ocupar la oficina presidencial de La Moneda.
Ahora, tenemos a un Lavín más agresivo y complaciente con el sector más duro de la derecha, lo que obviamente lo complica en su tarea de acercarse al siempre codiciado centro político del país (y su equivalente social, la clase media).
Otro de los factores que provocan su estancamiento electoral, es el constante ataque que sufre y sufríó durante seis años por parte de los medios cercanos a la Concertación, que no le perdonaron su complicada gestión como alcalde de Santiago, ni tampoco su visión moral y cercana a la Iglesia, en momentos en que la sociedad camina por los senderos del nihilismo y el consumo.
Volviendo a la disputa Piñera-Bachelet, se pude hacer una fácil lectura de que el Gobierno comenzó con una operación de salvataje, que muy dificilmente respetará normas de lógica. A diferencia de la elección de 1999, ahora la Concertación no cuenta con el comodín electoral de discutir un proyecto de ley que complique a la derecha. Hace seis años atrás, la discusión de las reformas laborales permitió acorralar a la oposición y brindar valorables votos al oficialismo. Hoy no se cuenta con ese factor porque se confió demasiado en los altos niveles de apoyo que registraba Bachelet, lo que en su momento aseguraba el sillón presidencial.
¿Error de estrategia o exceso de confianza de la Concertación?. Una problemática que deberá ser discutida después del 11 de diciembre.
Por su parte, Sebastián Piñera trata de mostarse como el candidato de consenso que desagrada a los dos bloques políticos, porque está logrando su objetivo de cautivar a los votantes más indecisos y desencatados de la política. Su gran enemigo, su lejanía con los sectores más desposeídos, que en el fondo es el grupo más fácil de menejar si se sabe cautivar.
Definitivamente tiene la gran posibilidad de pasar a segunda vuelta, pero de ahí a que gane la elección presidencial eexiste un gran obstáculo: el poder reencantar a los militantes y partidarios de la UDI de que él puede construir una nueva forma de hacer país. Muchos han sido los roces entre el empresario y el gremialismo y mucha ha sido la desconfianza que se ha generado entre ambos y, en política, cualquier alejamiento o indisciplinaes duramente castigado.
Quedan menos de dos semanas para la jronada decisiva y la decisión queda en ustedes. No voten sin pensar en las consecuencias de su elección. El futuro cae para todos.
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