Prohibido prohibir
Es impensable la postura adoptada por Michelle Bachelet y su comando, en cuanto a no aceptar la participación de Chilevisión en el debate presidencial del próximo 4 de enero.
La justificación de la abanderada del oficialismo claramente carece de fundamentos y constituye una verdadera falta de respeto al profesionalismo y la ética de los periodistas del país. Una de las premisas básicas del periodismo es NO entregarse a los dictámenes de cualquier grupo político, religioso o social, por lo que su independencia es su arma fundamental frente a las presiones externas.
Independiente de la línea editorial de cada uno de los medios de prensa, no se puede poner en duda el profesionalismo y la entrega básica de los periodistas, menos frente a la posibilidad de realizar un debate de ideas y posturas de cara al futuro del país.
Si los periodistas de Chilevisión - y de cualquier medio de prensa - no participan abiertamente en el debate (a no ser por propia voluntad), se abre fácilmente una mal señal para el futuro de la libertad de expresión y de prensa. Si pretende sosotener ese debate en cuanto a favoritismo por parte de la prensa, estamos hablando mal de nuestra capacidad de análisis como ciudadanos y del temor que provoca una mirada eventualmente diferente de la realidad "oficial".
Con esto, la Concertación se contradice en su auotdesignado papel de defensor de las libertades de los individuos. Los fuegos los abrió el Presidente Lagos cuando atacó en duros términos a El Mercurio y lo ha ratificado hoy Michelle Bachelet.
Prácticamente se ha llegado a un diálogo de tontos, en donde fácilmente alguien puede cuestionar la participación en el debate de TVN por su carácter estatal, o de Canal 13 por su relación con la Iglesia Católica, en fin. No se pude pretender tener sólo una verdad y una mirada. Los ciudadanos son lo bastante inteligentes para diferenciar intenciones y sólo ellos tiene la libertad de elegir sus programas y sus líderes de opinión.
Esta situación encubre el temor a que el debate de enero tenga un formato flexible, de contrapregunta y de amplitud de temas a tratar. No hay justificación para enlodar la imagen de un canal coomo Chilevisión, ni menos dudar del profesionalismo e independencia de los periodistas que ahi trabajan.
Es necesario que cada uno de los profesionales de la prensa rechacen este veto y expresen (a pesar de las opiniones políticas de cada uno) su más absoluta y profunda crítica a esta situación que demuestra una vez más que Chile y su clase política y dirigencial carece del desarrollo intelectual y moral en esta etapa de la historia, atribuyendo todos los males presentes y futuros a la prensa.
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