Saddam TV
La condena a muerte del ex presidente iraquí, Saddam Hussein, no dejó a nadie indiferente a pesar de la fecha en que el sunita fue ejecutada, a sólo horas de dar paso al nuevo año que ya disfrutamos.
Pero es necesario hacer esta pregunta. ¿Qué fue lo sorprendente en este caso? ¿ Fue acaso la forma en que se decretó al muerte del ex dictador, que apagó sus días colgando de una soga en una forma de castigo que ya se pensaba olvidada? o más aun ¿ Fue el hecho de ver cerrada una parte conflictiva en la historia de Medio Oriente, que incluyó la muerte de inocentes y una escalada de miedo de los grandes consorcios ante los vaivenes del precio del petróleo?. Lo más problable que la primera de estas dudas sea la que motivó a miles de espectadores a seguir el fin de Hussein a través de las pantallas.
Es lamentable observar y concluír que nuevamente ganó el morbo colectivo y no el análisis de los hechos históricos y sociales que se viven en una parte del mundo. Basta comprobar que el video de la ejecución de Saddam se ha convertido en los últimos días en el archivo más buscado y descargado en la red, transformándose sus peculiaridades en tema fetiche de cientos de conversaciones.
Es extraño ver que este súbito interés en los acontecimientos vividos en Irak sea tan fuerte en los últimos días y que nunca se observe la misma actitud crítica o analítica cuando todos los días se reciben informaciones sobre atentados terroristas que cobran la vida de decenas de árabes, lo que no provoca ningún tipo de reparo o comentario en la sociedad occidental.
Democracia ensangrentada
La idea original de conquista de recursos petroleros por parte de la familia Bush concreta así una de sus más grandes causas: disfrutar de la muerte de Hussein, decretada por un tribunal parcial y en un juicio lleno de contrariedades y desaciertos, para así poder entregar al mundo el concepto de una democracia global que se puede insertar perfectamente en cualquier sociedad, independiente de las costumbres y valores que ésta posea. La mejor forma de engaño es encubrir todas las acciones crueles de guerra y abusos de poder bajo al estela intocable de los valore democráticos. La vieja usanza del garrote y la zanahoria que se comprueba en las últimas acusaciones sobre tratos ilegítimos a los prisioneros iraquíes, encurtidos en una política de tortura aprobada e incentivada por el ex Secretario de Defensa de USA, Donald Rumsfeld (Gran paradoja de "América", defender los DD.HH frente a los abusos de otros, pero violarlos a destajo cuando se trata de cubrir posiciones estratégicas).
Es de esperar que no se desate una escalda de violencia en el convulsionado Irak, ni que tampoco se viva una aparente y falsa paz como lo que ocurre en Palestina. Sólo se desea que el maltratado pueblo de Mesopotamia pueda recuparar la vida basada en los parámetros dados por el Corán y poder asegurar un desarrollo tecnológico y social, sin entregar sus valiosos recursos a los usupadores manipuladores de la democracia.
El debate queda en la mesa
La condena a muerte del ex presidente iraquí, Saddam Hussein, no dejó a nadie indiferente a pesar de la fecha en que el sunita fue ejecutada, a sólo horas de dar paso al nuevo año que ya disfrutamos.
Pero es necesario hacer esta pregunta. ¿Qué fue lo sorprendente en este caso? ¿ Fue acaso la forma en que se decretó al muerte del ex dictador, que apagó sus días colgando de una soga en una forma de castigo que ya se pensaba olvidada? o más aun ¿ Fue el hecho de ver cerrada una parte conflictiva en la historia de Medio Oriente, que incluyó la muerte de inocentes y una escalada de miedo de los grandes consorcios ante los vaivenes del precio del petróleo?. Lo más problable que la primera de estas dudas sea la que motivó a miles de espectadores a seguir el fin de Hussein a través de las pantallas.
Es lamentable observar y concluír que nuevamente ganó el morbo colectivo y no el análisis de los hechos históricos y sociales que se viven en una parte del mundo. Basta comprobar que el video de la ejecución de Saddam se ha convertido en los últimos días en el archivo más buscado y descargado en la red, transformándose sus peculiaridades en tema fetiche de cientos de conversaciones.
Es extraño ver que este súbito interés en los acontecimientos vividos en Irak sea tan fuerte en los últimos días y que nunca se observe la misma actitud crítica o analítica cuando todos los días se reciben informaciones sobre atentados terroristas que cobran la vida de decenas de árabes, lo que no provoca ningún tipo de reparo o comentario en la sociedad occidental.
Democracia ensangrentada
La idea original de conquista de recursos petroleros por parte de la familia Bush concreta así una de sus más grandes causas: disfrutar de la muerte de Hussein, decretada por un tribunal parcial y en un juicio lleno de contrariedades y desaciertos, para así poder entregar al mundo el concepto de una democracia global que se puede insertar perfectamente en cualquier sociedad, independiente de las costumbres y valores que ésta posea. La mejor forma de engaño es encubrir todas las acciones crueles de guerra y abusos de poder bajo al estela intocable de los valore democráticos. La vieja usanza del garrote y la zanahoria que se comprueba en las últimas acusaciones sobre tratos ilegítimos a los prisioneros iraquíes, encurtidos en una política de tortura aprobada e incentivada por el ex Secretario de Defensa de USA, Donald Rumsfeld (Gran paradoja de "América", defender los DD.HH frente a los abusos de otros, pero violarlos a destajo cuando se trata de cubrir posiciones estratégicas).
Es de esperar que no se desate una escalda de violencia en el convulsionado Irak, ni que tampoco se viva una aparente y falsa paz como lo que ocurre en Palestina. Sólo se desea que el maltratado pueblo de Mesopotamia pueda recuparar la vida basada en los parámetros dados por el Corán y poder asegurar un desarrollo tecnológico y social, sin entregar sus valiosos recursos a los usupadores manipuladores de la democracia.
El debate queda en la mesa
1 comentario:
La figura de Saddam Hussein será siempre la de una caricatura malvada, cuyos crímenes fueron ajusticiados por los superhéroes de la película. Justamente en eso se ha convertido Oriente para los occidentales, una caricatura belicosa que llena espacios en las noticias de todos los medios. Por lo tanto, cualquier intento de abrir los ojos a lo que realmente sucede, será siempre vano. Es más, creo que jamás llegaremos siquiera a acercarnos a la verdad, pues al parecer los bueno de la película tienen razones tan secretas para hacer justicia a nombre del "mundo libre", que aunque quisiéramos, sólo nos tendríamos que conformar con depositar nuestras confianzas en el trabajo sucio de los terroristas de la White House, tranquilos de que mañana no se estrellará un avión sobre nuestra casa ni explotará una bomba entre las piernas de algún pariente lejano.
Saddam no morirá tan pronto. Aún queda mucha sangre que derramar en su nombre, por ambos lados. Pero más que nada, con su vida y muerte, tan extrañamente telenovelesca, ha venido a reforzar nuestro código binario del bien y el mal, cada vez más ambiguo, mientras que para otros, los más circunstanciales, lo que toman lo que venga, su imagen en la horca no será más ni menos que un fetiche caído del cielo como obsequio de fin de año.
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